MISIÓN

Queremos SER:

 

  • Vínculo de comunión con Dios y con el querido prójimo, con firme confianza en la fuerza creadora del Espíritu de Amor.
  • En el mundo presencia que encarna la ternura que Dios tiene para cada creatura, que toda buena y bella obra sea para la mayor gloria de Dios.
  • Signo luminoso que irradia la humanidad de Jesús en el mundo de hoy.
  • Voz de los que no tienen voz, víctimas de ignorada y despreciada existencia.
  • Semilla escondida, de invisible apariencia, partícipes solidarias en la historia humana.
  • Portadoras del mensaje de JUSTICIA Y PAZ.

ESPIRITUALIDAD

 

Nuestra Congregación realiza, por la Gracia de Dios, su obra de amor en la Eucaristía. Contempla en ella al Cristo vivo y resucitado, misterio de donación total que teje la trama unitiva de la comunión universal.

Vivimos el dinamismo de esta comunión como experiencia de transformación interior individual y comunitaria en la Iglesia y en el mundo, consumando el fin del Pequeño Proyecto: “LA DOBLE UNIÓN TOTAL” del hombre con Dios y con el querido prójimo.

El Padre jesuita Jean Pierre Medàille (1610 – 1669) define nuestro ser de esta manera:

“Sean todas de Dios con un completo abandono de ustedes mismas a su divina Providencia. Todas para Dios con un amor puro y desinteresado, todas en Dios con la continua búsqueda de su presencia, todas según Dios con una perfecta conformidad de todas sus voluntades y de todo el estado de sus vidas, siguiendo su divina voluntad. (Max. 25)

VOCACIÓN

 

Somos mujeres llamadas por el amor de Dios Padre a vivir la consagración bautismal y la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia mediante votos públicos, según la espiritualidad que nuestro fundador el padre Jean Pierre Medaille, sj. designó “Pequeño Proyecto” de las Hermanas de San José.

Nuestra Congregación de vida apostólica activa está formada por religiosas y laicos dispuestos a vivir el Carisma, que desde la Casa Madre de Pinerolo en Italia, se extendió a las Comunidades en Argentina y Brasil.

Nuestras comunidades viven abiertas a la misión entre la gente, como signo de la unidad que Dios obra en la Iglesia, en un mundo lacerado por las divisiones y la violencia.

Cultivamos en nuestros comportamientos las virtudes de humildad paciencia, dulzura, discreta presencia, alegre acogida, simplicidad y cordial caridad, propias de la familia de Nazareth, al lado de los hermanos de cualquier raza, lengua, condiciones sociales y creencias.